Morgue y otros poemas

(53 Evaluaciones)
Publicado por Cinosargo Ediciones
Edición de junio de 2012
Categorías: Poesía

  • ePub auto-ajustable
  • Mobi (Kindle)
USD $7.99
Comprar Comprar Regalar
¿Es para otra persona? Regalar
Garantía nlibros 100%

Libro digital compatible con: iPhone, iPad, Android, Kindle, NOOK, e-reader, Windows, Mac

  • Pago seguro
  • Descarga inmediata
  • Soporte

Resumen

Es prácticamente unánime la opinión de que Gottfried Benn fue uno de los mayores poetas del siglo veinte, aunque su figura sigue siendo objeto de crítica por su adhesión temporal al nazismo. Este pequeño libro, publicado originalmente en 1912, es una colección de escenas que la brutalidad de la muerte se engarza con la delicada y quirúrgica precisión con que Benn, que era médico, recoge imágenes de belleza extraña y estremecedora: una flor con forma de estrella enredada entre los dientes de un cadáver sobre la mesa de autopsia, un nido de ratoncitos escondido bajo el diafragma de una niña muerta, la fría violencia de un parto en un pabellón desolado. La epifanía nunca es ingenua, sino que siempre muestra, en su dureza, la bestialidad de la existencia. - Leonardo Sanhueza (Escritor – Crítico Literario – Reseña en LUN).


Detalles del producto


Última actualización: noviembre de 2016

NID: WLJK-519812


Reseñas


Steam

Wow! I N C R E I B L E! Benn demuestra que se pueden obtener poema de cualquier tema. Y los suyos harán que tu piel sienta ñañaras y se enchine. Recomendadisimo. Se puede conseguir facilmente si sabes "donde buscar"


Juliana

Maravilloso. Lo crudo con lo hermoso, la frase hecha que se vuelve inesperada, la mirada a la muerte como un hecho estético y sublime.


Daniel

Gottfried Benn (Mansfeld 1886 – Berlin 1956) es uno de los escritores más importantes del siglo XX, un extraordinario poeta y prosista, creador de ensayos de gran lucidez, y una de las voces alemanas decidoras que marcan la avanzada del pensamiento y creación en nuestro tiempo. Como lector ha sido un enorme placer toparme con su trabajo y reconocer la crudeza escatológica de este poemario. Benn ha tenido traducciones previas al español, no tantas como merece y el presente libro “Morgue y otros poemas” del año 1912, tiene quizá su versión más conocida en nuestra lengua de manos de Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1991, gracias a Verónica Jaffé. Debo reconocer a esa versión el servir como primer paso de aproximación a la poética de Benn, sin embargo, sentí, tras numerosas revisiones, que dicho trabajo de traducción carecía de crudeza y precisión: hay poemas que pierden brío y, en algunos casos, el intento de ser políticamente correcto o demasiado literal, aleja a la traducción de lo que considero la intención de Benn al escribir piezas tan impactantes como “Apéndice” y “Sala de parturientas”; las que revelan sin tapujos nuestras patologías y falta de idealismo, la carroña en que el cuerpo se convierte ante la falta de trascendencia de la llamada alma humana y paraíso perdido, disminuyendo así la potencia lírica de sus antecesores, una metafísica trasnochada y mirada burguesa plagada de lugares comunes aprovechada para expresar con redundancia la sensibilidad de los tiempos que se viven; esto Benn lo derruye con delicada precisión poética, sin descuidar el contraste de versos que confrontan la extrema violencia y degradación de vísceras ante una inusitada ternura. El poema que abre el libro “Pequeña Áster”, está dedicado a una flor que recibe su nombre de las estrellas, esta flor que aparece adosada al cuerpo de un hombre ebrio que está siendo diseccionado, fulgura como protagonista del texto; no es solo un objeto, al contrario, encarna la vitalidad perdida y esa belleza objetiva y sensible que subyace ante lo que consideramos el horror de la muerte. La flor evidencia la perfecta y maravillosa biología que nos compone y cómo este organismo que muere, el hombre, renace al volver a la tierra de la cual surge y se nutre. Ese espíritu he querido conservar en el poema, esa sensibilidad es la que me motivó a revisar mi traducción una y otra vez, antes de llegar a una satisfactoria conclusión. El segundo texto, “Bella juventud”, en que un cuerpo infantil es encontrado en estado de descomposición, yaciendo en una especie de pantano o pastizal abandonado, por motivos que no se explican al lector de modo explícito, cuenta la historia de una familia de ratas que crean su hábitat y recodo de seguridad en las vísceras roídas de la pequeña niña, una visión cruda para estómagos sensibles, pero que pensada desde la supervivencia animal, delata otro tipo de relaciones de fraternidad y cuidado que se dispensan estos carroñeros entre sí, acto carente de maniqueísmos y dicotomías morales. Siento que Benn quiere exponer esa otra belleza, la juventud de estas ratas que son sacrificadas por la torpe y brutal mano de los humanos que las ahogan, tan viles y obsesas, como el que causó la muerte de la niña anónima, cuya historia el lector debe completar más allá de lo representado en el poema. “Ciclo” me parece un poema de transición pero es de aquellos en que Benn destila su humor negro, su ironía y futilidad del cuerpo, una vez extinta la vida por las causas más comunes y apócrifas; una prostituta sin identificar, cuyo cadáver cae en manos de un trabajador de la morgue que retira un objeto extraño y de valor de su cuerpo, una tapadura de oro por la cual quizá la prostituta trabajó mucho o que era motivo de su orgullo. El agente inescrupuloso decide no desperdiciar el objeto y lo empeña para ir a bailar, y sentencia además: “sólo tierra debe retornar a la tierra”. Benn aquí da cuenta de esa pasión inútil que somos, nuestra precariedad, y, a la vez, denuncia sin moralismos y tampoco asco, la frialdad de los que están a cargo de trabajar con los occisos, la desensibilización de médicos y especialistas que va “in crescendo” en los otros poemas del libro. “La novia del negro” es un poema que destila erotismo y brutalidad, una especie de combinatoria explosiva de Eros y Thanatos en que la sensualidad arrebatadora de una mujer y las promesas angelicales de su cuerpo se dan de bruces con la violencia del hombre, el novio que juguetea con su cuerpo como un objeto, introduciendo sus extremidades mugrosas en las distintas cavidades de la difunta que yace en su sanguinolento lecho. Estamos ante un breve relato de necrofilia, pero que más allá del escándalo (noticias hay de la prohibición y censura que tuvo “Morgue y otros poemas” en su época) e incluso el tono racista que puede tomar el poema hoy en día, expone el ultraje de la carne, algo que luego veremos en la obra de Burroughs o en la cinematografía de Cronenberg sin tapujos, empero, pensemos que estamos a comienzos de siglo. De avanzada, el poema tiene además un tinte “pulp”, una “femme fatale” que encuentra su trágico destino y cuya belleza aunque muerta, sigue erotizando y bestializando al hombre, pues el vicio y la paridera no han dañado su esplendorosa carne. “Réquiem”, “Pabellón de parturientas”, “Apéndice” y “Hombre y mujer atraviesan la barraca de los cancerosos”, son parte de esos poemas que destilan al máximo el grotesco y esperpento de los centros de salud, espacios de encierro que corresponden a la manifestación material de la dominación del individuo. Sin entrar a discutir las ideas expuestas por Foucault en “El nacimiento de la clínica”, por ejemplo, podemos ver cómo los pacientes importan poco y son parte de un tráfico y manipulación insalubre e indignante. Estos lugares recrean la imagen infernal que todos tememos del encierro y la claustrofobia. El sanatorio o sala de experimentos en que una vida es tratada solo como un vil pedazo de pellejo bajo el bisturí. Todo se resume en el siguiente verso del poema “El pabellón de las parturientas”: En ningún otro sitio el sufrimiento y dolor importa tan poco porque aquí siempre grita algo La muerte se pasea por estos rincones rechinando sus dientes y los doctores, a la luz de los versos de Benn, parecen más bien matasanos insensibles que gritan a las mujeres en labor: ¡puja mujer! ¿Entiendes, puja? No estás aquí por diversión. No lo contengas!!! No alargues la cosa!!! Puja incluso si te cagas encima. No estás aquí para descansar. Benn recolectó toda esta información de modo directo, es parte de su experiencia médica y, sin duda, de su labor en los campos de batalla durante la primera guerra mundial. Benn vivió un tiempo conflictivo, la guerra de trincheras y sus últimos días estuvieron cruzados por la presencia del imperio Nazi y luego la prohibición que sufrió de manos de los aliados, no pudiendo publicar sus obras. El horror de todo el periodo de entreguerras y la locura de nuestra especie se anidan en estas páginas que no son temblorosas, al contrario, son firmes y afiladas, capaces de imponer duros cortes a nuestra entereza y desnudarnos: una mirada profunda a la carne y sus reveses. Por último, debo hacer mención a “Café nocturno”, uno de mis poemas favoritos del libro y que, sin lugar a dudas, marca una vuelta de tuerca pues Benn personaliza a los sujetos por sus enfermedades cutáneas, virales y nos expone como entes contagiosos que se relacionan intercambiando no solo pláticas y miradas, sino flatulencias, excrecencias, salivas y mucosas. Un poema lleno de sarpullido, malformaciones y viscosidades en una danza con Chopin de fondo; la cacería de todos los fines de semana, hombres acechando mujeres, mujeres en busca de un novio y todos en un baile patético que se resume en un tráfico de fluidos, otra manera del autor de reducirnos a plaquetas y grasa. En cuanto a mi elección, que incluye, además de los poemas originales del libro, tres textos extra: “Tren expreso”, “Tren subterráneo” y “Frente a un maizal”; debo reconocer mi interés por no dar fin al libro y al trabajo de traductor; lanzando así una promesa de nuevos poemas de Benn u otros autores de su talla por comunicar en nuestra lengua al lector y también, incubo en este acto arbitrario, la creación de un contraste que rompa los prejuicios de miopes que pretenden restar valor a la capacidad creativa y percepción de la belleza edificada por este gran escritor, pues Benn no utiliza la escatología como un recurso estéril, al contrario, cada una de sus obras dan cuenta de su visión de mundo. “D-Zug” y “Untergrundbahn”, en el contraste del viaje material y el viaje metafórico hacia lo oscuro del deseo, esgrimen lo que Martin Travers indica en “The poetry of Gottfried Benn: text and selfhood”: estamos ante exuberantes himnos dedicados a las energías amorales y la liberación de los instintos, vemos en ese grado la agónica lucha entre la racionalidad y las fuerzas primales de la vida, un discurso reflexivo y la búsqueda de identidad personal. Con humildad y admiración inmensa ante el genio creativo de Gottfried Benn, espero contribuir a que no se diga que su poesía es sólo carne, rabia y letras atropellándose. Daniel Rojas Pachas Arica, 2012.